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VIDA

La verdad sobre la famosa “araña camello venenosa que come carne humana”

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Foto: N+1, ciencia que suma.

De ser una buena noticia científica, la de un fascinante descubrimiento animal, este relato pasó a ser una noticia policial: la del asesinato de una historia perpetrado por un grupo de periodistas digitales.

Por: N+1, ciencia que suma.

El afán, por explicarlo de alguna forma, dejó la historia hecha trizas.

“Lamentablemente se deformó mucho la noticia inicial”, comentó a N+1 el director del estudio, Andrés Ojanguren.

El científico, que lideró el estudio, respondió a nuestras preguntas sobre la Gaucha ramirezi, el arácnido acusado con bajeza de ser venenoso y alimentarse de carne de homo sapiens. Además, fue señalado de ser araña, algo que tampoco se ha probado.

Todo se originó, nos comenta, en la noticia de divulgación del instituto Leloir. La noticia original, puesta en la agencia CyTA, no tenía pecado alguno y lucía así:

Por eso, decidimos contactar a Ojanguren y él, en defensa de Gaucha ramirezi, respondió a nuestras consternadas preguntas.

Profesor Ojanguren, ¿son arañas las llamadas “arañas camello”? ¿Si no lo son, qué son? ¿Son arácnidos?… ¿de qué tipo?

Andrés: Las arañas camello son arácnidos pero no arañas, ya que pertenecen a ordenes diferentes, en este caso las arañas camello pertenecen al orden Solifugae. A diferencia de las arañas, los Solífugos no producen tela y no poseen veneno.

¿Son carnívoras los Gaucha Ramirezi? ¿De qué se alimentan?

Andrés: Todos los solífugos son carnivoros pero se alimentan solo de animales pequeños, generalmente insectos no mayores a 4 o 5 cm.

Es muy claro, pero tengo que preguntarle… ¿es verdad eso de que comen carne humana?

Andrés: No comen carne humana, ni de ningún animal mediano o grande, solo los pequeños insectos o arácnidos que pueden cazar.

¿Y a partir de qué se origina este mito?

Andrés: La leyenda de que comen carne humana aparentemente habría surgido como mito interno de las tropas americanas que estuvieron en la guerra del golfo en Irak, que encontraron solífugos de gran tamaño (5-8 cm) y que enviaron gran cantidad de fotos de estos animales tomadas en perspectiva para que pareciesen mas grandes y peligrosos de lo que realmente son.

¿En qué territorios de Sudamérica se puede encontrar los Gaucha Ramirezi o especies semejantes?

Andrés: Gaucha ramirezi habita en zonas de Chaco seco bien conservadas del norte Argentino, pero se pueden encontrar solífugos en todas las zonas bien preservadas áridas y semiáridas de Sudamérica, desde el sur de la Patagonia, hasta el norte del continente, y desde las zonas costeras hasta los Andes, por encima de los 4.000 metros de altura.

Aclaradas las cosas, sorprende la forma díscola en que fue interpretada la noticia de difusión.


Con tres mentiras en un solo titular, se llevaron todos los aplausos.

La verdad sobre Gaucha ramirezi

Andrés Ojanguren y su equipo de biólogos descubrió no solo a una, sino a dos nuevas especies arácnidas en la familia Mummuciidae. Una de ellas es la mentada Gaucha ramirezi, vista en el Parque y Reserva Provincial Chancaní en Córdoba, Argentina, y luego también identificado en una localidad al noreste, en Santiago del Estero.

La segunda es Gaucha santana, solo vista en Área de Protección Ambiental Ibirapuitã, al sur del estado brasileño Rio Grande do Sul. Con ambas, el número de las especies Gaucha conocidas se eleva a 11.

Gaucha ramirezi, que es la especie que más llamó la atención a los medios internacionales, mide unos 2 cm de largo y posee manchas claras en las membranas laterales de su cuerpo. El informe de origen la describió  como «un orden peculiar y poco estudiado de arácnidos de apariencia feroz, con grandes piezas bucales llamadas quelíceros y la injusta fama de comer carne humana o ser muy venenosos». De ahí el malentendido.

De acuerdo al informe, el epíteto o “apellido” de Gaucha ramirezi homenajea al doctor Martín Ramírez, aracnólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) que codirigió la tesis doctoral del primer autor del hallazgo, el biólogo colombiano Ricardo Botero Trujillo, que actualmente desarrolla su posdoctorado en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en Estados Unidos.

Los especímenes fueron colectados a mano o mediante “trampas de caída”: recipientes abiertos en su parte superior, llenos de líquido conservante y enterrados al ras del suelo, donde se esperó que los animales caigan. Una vez atrapados, los investigadores las estudiaron con lupas, microscopios y pruebas de ADN para establecer su “parentesco” con otras especies. El estudio fue publicado en la revista Zootaxa, una publicación científica especializada que edita solo trabajos en el área de taxonomía zoológica.

NOTA: Sobre N+1: Es la primera revista online de divulgación científica y tecnológica que permite la reproducción total o parcial de sus contenidos por medios de comunicación, bloggers e influencers, realizando la mención del texto y el enlace a la web: “Esta noticia ha sido publicada originalmente en la revista N+1, ciencia que suma: www.nmas1.org”.​​

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